LOS PUEBLOS CON ENCANTO CON MENOS HABITANTES DE ESPAÑA

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Uno de los motivos por los que el viajero se lanza al turismo rural, es por la tranquilidad que éste ofrece.

Influye la paisajística, la estructura del municipio al que viajemos y, sobre todo, el número de habitantes. Porque buscamos escapar del estrés diario, de las aglomeraciones de la ciudad y además, queremos paz, tranquilidad y silencios.

Por ello, conocer los cinco pueblos con menos habitantes de nuestra geografía es algo que debería de estar en el librillo de todo aquel que busque aislamiento. Aunque por desgracia, lo deberá escribir con letras bien gordas, pues la despoblación no deja de ser un problema que afecta al corazón de nuestro país.



Hablamos de una despoblación directamente ligada al éxodo rural, donde las gentes buscan mejores oportunidades en las grandes ciudades u otros pueblos de mayor importancia. Y en ocasiones, despoblación también debida a la tardía llegada de infraestructuras básicas al lugar, como agua, luz e incluso carreteras.

Pero al menos hoy y ahora, mirémoslo con otro punto de vista. Ese que nace de la certeza de que cuanto menor sea el número de habitantes de un municipio, mayor es el valor de sus gentes. Ese que asegura que cuanto menor sea el grupo que te acoge, más importante se sentirá el visitante. Porque a veces menos, es más. Y eso debe de pensar Julián Renilla Bru, el primer nombre del listado.

No, Julián no es un pueblo. ¿O sí? Porque Illán de Vacas, en Toledo, es el pueblo con menos empadronados de toda España. Tiene uno. El bueno de Julián Renilla, por lo que podemos decir que este nombre es lo mismo que decir Illán de Vacas.


El INE lo certifica, estamos ante un pueblo unipersonal, del cual, como es lógico, Julián es el alcalde. Alcalde de sí mismo. Y por lo que parece a corto plazo, nadie le va a plantar cara en el plano electoral, aunque seguro que Julián lo desea.

Un poco más al norte, en Burgos, está Jaramillo Quemado, con cuatro habitantes empadronados. Un pueblo que brilla con luz propia, gracias a la iglesia San Martín de Tours.



Casi a la misma altura en el mapa, en la Rioja, se asienta Villarroya, con ocho habitantes. Traumática es la situación de este municipio, que en 1900 registraba 404 empadronados. La despoblación ha actuado sin reparo, y ahora los vecinos temen que de seguir la progresión, Villarroya se convierta en un pueblo fantasma.

Siguiendo en provincias de temperaturas bajas, paramos en Soria, más concretamente en Villanueva de Gormaz. Allí podremos conocer uno por uno a sus nueve habitantes. Situación delicada y semejante también la de este municipio, que en 1920 contaba con 307 habitantes y en 1981 ya eran 30.



Y por último, como quinto pueblo menos poblado de nuestro país encontramos Salcedillo, en la ciudad “que no existe”, Teruel. Diez habitantes viven allí. Salcedillo encuentra en la Guerra Civil el principal motivo de su descenso poblacional. En 1930 eran 170 vecinos los empadronados y en esa misma década la cifra empezó a descender.


Pues hasta aquí los cinco pueblos con menos habitantes empadronados de nuestra geografía. Pero también pueblos que estarán encantados de contar con uno más en sus calles. Pueblos definidos por la calidez de sus gentes y sobre todo, pueblos en los que todos quieren volver a empezar.

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